Novedades en el horizonte
Esta semana sucedieron dos cosas que me hicieron recuperar la esperanza:
1. El senado rechazó #ACTA.
2. La ley "5 de junio" va viento en popa para ser aprobada.
No estoy involucrada activamente en ninguno de los dos temas pero me llena de esperanza saber que hay gente luchando y alzando la voz para que las cosas empiecen a funcionar como deben hacerlo.
Me frustra enormemente no poder participar más en el movimiento de #ReformaPolíticaYA, pero no creo que tanta reunión en el Senado y acampada en la banqueta logren pagar mi renta. A veces, involucrarse cuesta e implica renuncia: a tu tiempo, a tu hueva, a tu egoísmo, a tus pedas, a tus ratos de descanso, al ocio, etc. Quisiera poder renunciar a mi chamba, pero no creo que eso ayude mucho, ja.
La maravilla de involucrarte activamente, de presentarte FÍSICAMENTE ante otros que están ahí por lo mismo que tú (o algo parecido), es que conoces a PERSONAS con inquietudes y con voluntad para hacer, para trabajar. Encuentras que pueden compartir algunas ideas, pero que seguramente diferirán en otras. Recuerdo el "cacerolazo" en el Ángel después de lo sucedido en Monterrey, lo que vi ahí fueron personas hartas de lo que pasa, deseosas de HACER para estar mejor, pero la gran mayoría sin rumbo y sin propuesta. Muchas opiniones, muchas voces. Encuentros y desencuentros.
En muchos sentidos yo también me siento sin rumbo: ¿qué hacer? ¿cómo? ¿con quién? ¿pa' dónde? ¿a qué hora? Preguntas que irán encontrando sus respuestas.
No sabemos trabajar en el diálogo, no sabemos conciliar, no sabemos escuchar al otro. No sabemos no sentirnos agredidos ante la diferencia (que es tantas veces natural), no sabemos cómo hacer para dejar de anular o rechazar aquello que para otras personas es importante. No hemos entendido, de fondo, que la diversidad da para todos y en consecuencia se manifiesta de todas las maneras posibles.
Y corrijo: no sé trabajar en el dialogo, no sé conciliar, no sé escuchar a los demás. No siempre logro no sentirme agredida ante la diferencia (e indiferencia), y trato de esforzarme por no anular o rechazar lo que para otros es importante. A veces me sale, otras no. ¿Cómo saberlo si no hay feedback?
Desde hace varios meses vengo cocinando una reflexión: cada quien tiene que descubrir qué le apasiona y trabajar por ello, sin perder de vista que eso que hace debe brindar un beneficio personal pero también social. Ya estuvo bueno de pensarnos seres aislados donde loqueyohagonotieneimpactoennadayennadie. He pensado en qué pasaría si cada uno buscara esa motivación y se involucrara en un proyecto que le permita satisfacerla. No importa de qué se trate, hay tanto que resolver, hay tantas cosas que atender...
Yo sigo estudiando sobre movilidad y transporte público en el D.F. mientras que con otros locos, comenzaré a trabajar en un proyecto que nos permita conciliar la eterna y desgastada lucha sin sentido entre peatones, ciclistas y automovilistas. No, no es política pública, no es un campamento, no es ir a pelear y a exigir derechos a quienes nos gobiernan; es voltear a vernos unos a otros. Es recordarnos unos a otros cómo son las reglas del juego para que eso nos permita poder jugarlo bien y por mucho tiempo.
Vamos, pues.
